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¿Qué sucede entonces en Venezuela? PDF Imprimir E-mail

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Los líderes de la oposición impulsan la escalada de violencia y recurren a hacer llamamientos por una intervención extranjera y violenta para derrocar a Maduro. La explicación es sencilla: el ultraderechista Capriles y su comensal “liberal” López, saben que si dan espacio y tiempo a Maduro para una prolongación de políticas sociales (ahora que el precio del petróleo se ha recuperado relativamente) no podrán vencerlo en las próximas elecciones presidenciales.

*Por Yanis Burnús

Venezuela es el país que, tras el éxito electoral de Chávez en 1998, lideró a un continente entero en la ruptura con el neoliberalismo y las intervenciones estadounidenses y esto lo hizo exactamente en un momento histórico en el que el “Consenso con Washington” parecía invencible. Siguieron una serie de gobiernos progresistas de izquierda en el Caribe y América Latina que trazaron su propio camino, radicales en mayor o menor medida, pero todos con Venezuela como pionera, trabajaron en la construcción del estado de bienestar, la lucha contra la pobreza, la paralización de los mercados libres, el uso de los recursos nacionales en favor del interés público, la protección de las comunidades indígenas y la implicación auto-organizada de las comunidades populares en el gobierno y la producción local.

Al mismo tiempo colaboraron en una iniciativa “molesta” más, ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), una obra de integración regional del continente hacia una dirección progresista y antimperialista, mientras que al mismo tiempo la mayoría de los gobiernos progresistas han establecido relaciones estratégicas de colaboración con China y Rusia.

Flaquezas

Existen también motivos para hacer una crítica: Chávez arrebató la explotación de la riqueza petrolera de las garras de la oligarquía rapaz local e internacional, no obstante, tras veinte años de proceso bolivariano, Venezuela no ha conseguido aún transformar su modelo productivo de un modo mediante el cual sea capaz de utilizar sus recursos petroleros sin depender exclusivamente de ellos.

El hundimiento del precio del petróleo en medio de la crisis produjo dificultades financieras, hiperinflación y las consiguientes continuas devaluaciones. Las importaciones de productos se vieron dificultadas y además fueron saboteadas por factores locales e internacionales. Maduro pagó estas y otras flaquezas (como el fracaso en neutralizar la corrupción) con una dolorosa derrota en las últimas elecciones parlamentarias, en las cuales venció la oposición derechista. Pero si se celebraran elecciones, y pudiera ser que las ganara la oposición, ¿dónde se fundamentan las acusaciones de autoritarismo y dictadura? Especialmente cuando la oposición controla las principales ciudades y regiones del país como también la mayor parte de los medios de información. ¿Por qué la oposición “democráticamente sensible” no puede esperar a la celebración de elecciones presidenciales en 2018 para “librarse” de Maduro mediante el proceso democrático establecido? ¿Por qué no participó en las recientes elecciones a la (constitucionalmente establecida) Asamblea Constituyente, para prevalecer mediante la elección de sus propios representantes?

Aún más inexplicable resulta la negativa de los líderes de la oposición a tomar parte en la iniciativa mediadora por la paz y el diálogo del ex presidente del gobierno de España José Luis Rodríguez Zapatero o a escuchar los llamamientos del Papa Francisco por el cese de la violencia.

Por el contrario, los líderes de la oposición promueven la escalada de violencia –incluso quemando vivos a partidarios de Chávez-, el desplome del orden público y de la economía, y recurren a llamamientos por una intervención extranjera y el violento derrocamiento de Maduro.

La explicación es sencilla: el ultraderechista Capriles y su comensal “liberal” López, saben que si dan espacio y tiempo a Maduro para una prolongación de políticas sociales (ahora que el precio del petróleo se ha recuperado relativamente) no podrán vencerlo en las próximas elecciones presidenciales. Y ello no porque los actos de la presidencia de Maduro sean tan satisfactorios, sino porque por un lado su propia política se identifica abiertamente con la oligarquía revanchista, parasitaria y ultraderechista venezolana y por otro porque la cohesión de la oposición se basa en una de esas “falsas amistades” que por lo general acaban en múltiples candidatos presidenciales.

Así pues el problema de la oposición, especialmente tras la campaña de violencia que ha orquestado, es el hecho de que, incluso para los decepcionados o indignados por la presidencia de Maduro, continúa siendo una alternativa repulsiva para grandes sectores de la población.

La Administración Trump se muestra decida a intensificar la ofensiva contra el gobierno democráticamente elegido de Venezuela. La UE debería a toda costa distanciarse de una vía de intervención en los asuntos internos de un estado soberano, que culminará con un cambio golpista más de un gobierno que no es del agrado de los EE.UU, como sucedió con el derrocamiento del Presidente Celaya por Hilary Clinton en Honduras o con el derrocamiento, conforme a la ley, de Dilma Rousseff por un puñado de rivales extremadamente corruptos en Brasil.

Mediación

Zapatero, socialista y ex presidente del gobierno de España, tiene un papel de mediador en la crisis de Venezuela. Sus llamamientos a ambas partes se centran en el mutuo acuerdo, la pacificación y el diálogo democrático y trazan una vía de salida de la crisis. Su propuesta se base en seis pilares:

• Establecer un calendario preciso para la celebración de elecciones municipales y presidenciales.

• Restaurar el funcionamiento normal del parlamento.

• Conformar una Comisión de la Verdad que determine las condiciones de liberación de los presos de la oposición.

• Ofrecer garantías de que la recién elegida Asamblea Constituyente funcionará respetando los principios democráticos y los poderes democráticos, aceptando como forma soberana para la legalización de la revisión constitucional el sufragio universal de los ciudadanos.

• La necesidad de alcanzar un acuerdo entre las partes directamente implicadas, es decir el gobierno y la oposición de Venezuela, sin intervenciones de terceras partes en los asuntos internos del país.

• Conformar un grupo de supervisión, aceptado por ambas partes, que observe la aplicación del acuerdo al que estas lleguen y que esté conformado a) por representantes del gobierno y de la oposición y b) por representantes de estados amigos de ambas partes.

Zapatero condenó cualquier acción violenta, y declaró que las sanciones por parte de terceros países (como las que anunciaron los Estados Unidos) y otro tipo de intervenciones similares echarán más leña al fuego.

América Latina continúa teniendo problemas, pero las conquistas sociales de la ola de gobiernos de izquierda y progresistas y de los movimientos de los últimos quince años no van a regalarse con tanta facilidad. Alcanzando una solución viable en Venezuela y con victorias en las elecciones presidenciales de Brasil (2018) y de Argentina (2019) sobre los corruptos Temer y Macri respectivamente, los pueblos de América Latina pueden darle la vuelta al partido en su favor.

*Yanis Burnús es miembro de la Secretaría Política de SYRIZA, responsable de la Sección de Asuntos Europeos e Internacionales

 

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